Este fin de semana de San Fermines, ha venido salpicado por las brutales cogidas que se han producido en los encierros y que han dejado un fallecido por el camino y unos cuantos heridos antes de enfilar el callejón.
Vaya por delante que no soy partidario de todo festejo en el que se juegue con la dignidad del animal o se maltrate al mismo por parte del único mostrenco existente: el hombre. Sin embargo, en estos encierros parece que el duelo animal-hombre está más igualado ya que no hay espadas, banderillas, ni otros instrumentos punzantes que desangren poco a poco a los toros.
En los distintos medios de comunicación a través de internet, y que permiten los comentarios de los usuarios, he podido leer de todo: que si los cogidos deben joderse, que a eso es alo que se exponen, etc... Pero también se ha abierto un debate acerca de los encierros, si deben regularse en cierto modo o suspenderse por motivos de seguridad.
El problema que yo veo en todo esto es la masificación. Cada vez son más los machos ibéricos y extranjeros que se meten en el recorrido a correr delante de los toros. Algunos lo hacen 200 metros por delante para entrar en la plaza sin agobios. Otros lo hacen con la camiseta del Betis, del Logroñes o del Alcoyano, con el fin de que lo vean en el pueblo y luego sea reconocido en los corrillos mañaneros y aguardienteros, esos que ven los encierros en la tele del bar antes de ir a trabajar. Y qué decir de aquellos que corren trasnochados o procedentes de Nueva York u otras ciudades del mundo, como si los San Fermines fueran el toro mecánico del parque de atracciones.
Al final, quienes pagan los trastos son los corredores de verdad, los de pañuelo al cuello y periódico en mano. Los que incluso se preparan físicamente desde semanas antes y saben con que movimientos esquivar al toro y su cornada.
Aunque no sigo los encierros en directo, quiera o no, por cojones, los veo repetidos mil veces al día en televisión. Y si yo fuera corredor, estaría más preocupado por la montonera de anormales que me bloquean el paso corriendo como pollos sin cabeza que por ver lo que se acerca por detrás.
Así que si por mi fuera empezaría a replantear la organización de este festejo: o bien restringir el acceso al recorrido (cosa que veo difícil) o cambiar el recorrido a las avenidas más anchas de Pamplona (cosa que veo más difícil aún).
Ni que decir tiene, que nunca me jugaría la vida de una manera tan absurda.
Ayer salió a la luz un vídeo del último ensayo de Michael Jackson para la preparación de la serie de conciertos que iba a dar en Londres. Creo que las imágenes lo dicen todo y el estado de salud del artista no era tan deplorable como decían los medios, lo cual deja como hipótesis más coherente de su muerte la sobredosis de alguna sustancia, llámese droga o medicamento.
No había comentado nada por aquí acerca de la muerte del artista. Aunque tengo todos sus discos nunca me he considerado un fan incondicional, porque no lo soy de nadie. Sin embargo confieso que como él no habrá otro, ni ahora ni nunca. No sólo por la situación del panorama musical, sino porque el ingenio y el talento de Michael hoy ya no existen.
Se habla mucho de su vida privada: el racista contra su propia raza, su cambio de piel, los presuntos abusos a menores que sólo acabaron cuando Jackson pagó una pasta a los denunciantes para que se fueran a su casa... A fin de cuentas eso era lo que querían. Dinero.
Por el contrario, no he escuchado a muchos medios decir que a día de hoy ha sido el artista que más ha colaborado en la ayuda a los más necesitados, aportando una cifra cercana a los 300 millones de dolares, más o menos lo mismo que deja de trampa como legado.
Alguna vez he pensado que el negro se hizo blanco para comprobar qué siente el miserable del ser humano que mira desde arriba.
No lo digo por pena o compasión, pero se ha ido un artista. Hasta el último día.
Hace ya un buen puñado de años que compré uno de mis primeros discos en formato cd. Era un directo de La Frontera, aquel mítico grupo de los ochenta y noventa que nos dejó canciones para siempre. La canción que cerraba aquel disco se llamaba como este artículo: "Siempre hay algo que celebrar". Un título que cuanto menos invita a reflexionar sobre si es cierta o no la afirmación.
Desde luego, tal y como están las cosas, despertarse cada mañana y llevarse un plato de comida a la boca ya son motivos suficientes de celebración. Pero se pueden celebrar cumpleaños, aniversarios, ascensos, logros deportivos, etc... Sin embargo también se puede celebrar lo más casposo y surrealista, si con eso además llamamos la atención de cuantas personas y medios de comunicación podamos.
Digo esto porque el domingo leyendo el periódico casi me caigo de espaldas al leer en la sección de sociedad que "el Dioni" celebraba en Lepe los veinte años del robo del furgón.
El Dioni era vigilante de seguridad y en 1989 le dio por robar un furgón blindado de la empresa Candi cargado con 298 millones de pesetas. Poco después fue detenido en Brasil, asegurando que entregó el dinero a tres amigos de los que no volvió a saber, argumento este que sólo podría ser creído por la justicia española. De hecho, en 1995 salió de la cárcel tras cumplir tres cuartas partes de la pena impuesta. Del dinero robado sólo se recuperaron 175 millones.
Ahora el Dioni trabaja como agente inmobiliario en Lepe, puesto ideal para un hijo puta de esta calaña, y para celebrar tal aniversario cerró una discoteca en la que amigos y conocidos disfrutaron de una fiesta y una tarta de 100 kilos que reproducía fielmente el susodicho furgón.
El protagonista, el amo de la fiesta, argumentó que "no creo que Roca y Julián Muñoz sean capaces de hacer una tarta con el pueblo de Marbella y celebrarlo allí: la diferencia es que ellos han robado al pueblo y yo a los que nos roban a todos los españoles". Sabias palabras que deberían pasar a la historia como si de un pensador griego se tratara.
Así que no quiero dejar pasar la oportunidad de felicitar al Dioni por la soberana gilipollez que se ha inventado y por hacer efectiva esa afirmación de que siempre hay algo que recordar.
Alguna vez he hablado de la obra que están haciendo junto a mi casa. La cosa sigue y es que al ritmo que llevan van a tardar más en acabarla que la propia Mezquita. No recuerdo cuando empezó el derribo de la vieja casa. El resultado fue un solar de forma cuadrada y unas cuantas brechas en la pared colindante de mi casa. Cierto es que desde entonces se mantiene la promesa de repararlas una vez concluída la obra.
En todo este tiempo han levantado dos plantas, además del parking, según lo establecido en la PGOU de donde vivo. El resultado son unos pisos de de no mas de 100 metros cuadrados y cuatro plazas de garaje en un espacio diminuto. El asunto es que ya están dando los retoques a las fachadas, para lo que han colgado un andamio chapucero y un telón para que los albañiles se cubran del sol.
La obra es un mamoneo, supongo que por culpa del responable de la constructora. Vienen a trabajar un día si y cuatro no, lo que ha hecho que el andamio casi se lo lleve el viento. Yo por si acaso no paso cerca. El perfil del albañil es el que yo nunca querría para construir mi futura casa, en la que pasar mis noches y mis dias: canis, rusos sin papeles, etc... Eso si, luego están los encargados, los machos del andamio de verdad. Sobre todo uno, que no conozco siquiera de vista, pero que desde las ocho de la mañana blasfema en arameo y a grito pelado.
"Rafael, qué coño haces ahí, me cago en dios, en la puta virgen y to los apóstoles"
"Illo como vaya pallá me comes to los huevos"
Además de tratar a sus trabajadores con tal mimo, tacto y educación, el tío es un gran decorador tanto de interiores como de exteriores. Por eso los balcones de la obra están ricamente ornamentados con una larga hilera de botellas de Cruzcampo que dan al edificio un toque chic y una seña de identidad acerca de la calaña y categoría de los personajes que dicen levantar el país.
Si agún día me tocara la lotería decidiría invertir en algo, el agún negocio. Y como lo que más me gusta son los libros montaría una librería. Grande o pequeña, modesta o no, sería una gran forma de arruinarme, de dejarme la vida como un marcapáginas olvidado entre unas hojas que amarillea el tiempo quizás en manos de otros.
A alguien haría feliz, pero seguro que no tanto como a mi mismo.
Esta es la librería "El Ateneo", en Buenos Aires. No me digais que no es una maravilla.
Desde hace unos años entiendo que estos premios, hasta ahora prestigiosos, se están devaluando a una velocidad endiablada, quizás a la misma a la que pilotaba Alonso para que en 2005 se lo dieran a él en la modalidad de deportes. Por cierto, la fórmula 1 no es ni deporte olímpico.
Esta mañana otra nominación casi me tira al suelo de la risa. Era la del entrenador del FC Barcelona Pepe Guardiola, precisamente en la susodicha modalidad de deporte. Vaya por delante que admiro la labor "novata" como entrenador de fútbol de bueno de Guardiola. No sólo por los éxitos deportivos que esta cosechando en su temporada de puesta de largo, sino porque cuando abre la boca deja entrever que estamos ante una persona sensata, trabajadora y con una forma de ser que debería cundir como ejemplo en el corrupto mundo del fútbol.
Según la Fundación Príncipe de Asturias el premio "será concedido a la persona, institución, grupo de personas o de instituciones que, además de la ejemplaridad de su vida y obra, haya conseguido nuevas metas en la lucha del hombre por superarse a sí mismo y contribuido con su esfuerzo, de manera extraordinaria, al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión de los deportes."
El bueno de Pepe Guardiola no ha tardado en dar la cara y decir claramente lo que piensa "Se agradece, pero que se lo den a otro. Yo creo que es un premio muy prestigioso y que se avala a los deportistas que han hecho cosas que están muy bien y con trayectorias muy largas y la mía es muy corta. Lo agradezco de corazón, pero creo que nos estamos pasando un poco. Yo no llevo ni un año de alto nivel -como entrenador-. Aparte, yo hago una cosa colectiva, donde sin mis jugadores e institución no sería nada. Cuando tenga 60 años y, si todavía estoy, que me lo den. Ahora creo que es muy prematuro".
Supongo que el mundo del deporte, entre dopados y sinvergüenzas, se ha quedado sin personalidades a las que otorgar un premio de este tipo. Quiero pensar que alguno habrá, sentado en el sillón de su casa viendo la tele, y esperando a morir para que realmente se le reconozcan sus logros y hazañas. Las palabras de Guardiola no deberían caer en saco roto y más de uno debería reflexionar acerca de a donde van los premios y quien debe salir en la foto por derecho y quien no.
P.D. Vaya por detrás que no soy seguidor del Barcelona.
Mayo es un mes cada vez más toca huevos. Al menos por aquí abajo. Todas las semanas se celebra algo: cruces de mayo, verbenas populares,... Es el mes de María, el mes de las flores. Pero tambíen es el mes de las alergias, el mes en que sales de casa en manga corta porque el sol aprieta y vuelves a la noche muerto de frío, cuando no empapado del chaparrón que te ha pillado.
Es también el mes de las comuniones. Horrible compromiso para con la parafelnaria y el regalo más caro o llamativo. No se te ocurra regalar ahora un estuche de compás y portaminas. Yo en mi comunión me llevé cuatro a casa. En mayo también decide casarse mucha gente, por eso de la primavera y el buen tiempo. Así que prepárate si te coinciden en un mismo fin de semana boda y comunión. Sábado y domingo sin poder ver cómo acaba tu equipo la liga.
Durante este mes llegan los primeros helados, las tardes más largas y las terrazas repletas de los bares. Las noches empiezan a hacerse extrañas, largas y cargadas de desvelos porque te sobra o falta una manta y el paquito el chocolatero de la verbena del barrio no te deja dormir.
Es el mes más pesado del calendario, quizás por aquello de que hasta el 40 de mayo...