Golpes
Hace unos días estuve en una oficina de empleo para que me compulsaran unas fotocopias que necesitaba. Al entrar aquello parecía la cola del supermercado. Había que coger número y todo para que la cosa se hiciera de forma ordenada y no se colasen ni los listillos ni las verduleras. Me acerqué a una mesa en la que una señora hacía como que trabajaba, moviendo papeles en blanco (quizás la vida laboral de mucha gente) de un montón a otro. Le comenté a lo que iba y me indicó, muy amable, que me dirigiera al despacho del director de la oficina ya que era él quien compulsaba documentos.
Cuando ya enfilaba el pasillo en el que se encontraba dicho despacho, vi de refilón que su puerta se cerraba. Al llegar a la misma di tres golpes secos con mis nudillos pero nadie contestó. Yo no quise abrir. Siempre me ha ocurrido que si no me contestan no abro. No se. Será mi mente calenturienta que imagina que al abrir descubro algo que no tendría porque ser. Así que me decidí a esperar pacientemente.
A los cinco minutos volví a llamar a la puerta. ¿Y si antes no me había escuchado? Pero de nuevo me quedé sin respuesta. Volví a dejarme caer en la pared para esperar. En ese momento veo venir a un gitano por el pasillo, blasfemando en voz alta: "La puta gorda, como la pille le saco las tripas". Llevaba el pelo largo sólo por detrás, pendientes de crucifijos, collares y anillos con cabezas de león. Sus brazos eran delgados, repletos de tatuajes que más bien eran garabatos hechos con rotulador permanente. La cazadora de chandal, que le quedaba como un trapo, apestaba a un olor vomitibo.
Llegó a mi altura y me preguntó siera ahí el despacho del director. Yo le dije que si. Le acompañaba un niño de unos 13 años, que me sonreía como diciendo "verás tu éste". El chaval no parecía gitano, aunque su cara llena de arañazos me hizo pensar que ya frecuentaba demasiadolas calles.
Sin pensárselo, el gitano dio un golpe flojo en la puerta y la abrío. Asomó la cabeza y dijo que quien sella el cartón del paro no se lo quiere sellar a él porque se ha olvidado el DNI en el coche, y que no puede volver otro día porque su madre está ingresada no se donde. Después de un instante cerró de un portazo y se fue por donde vino. "Cago en to los muertos del cabezón ese jo puta que me ha dicho que vaya al cuartel de la guardia civil".
Yo me volví a dejar caer en la pared mientras oía al gitano en el mostrador diciendo que "pa que quie mi DNI, ¿no me está viendo la cara, cohones?". A los cinco minutos la puerta del despacho se volvió a abrir y salió una mujer. Mente calenturienta aparte, entré y el director me invitó a sentarme. Con voz aguardentosa me preguntó que qué quería. Se lo dije. Abrió un cajón y sacó un sello con su tinta verde. Un par de golpes sobre los folios, sobre la mesa, y mis fotocopias selladas. "Ya está me dijo". Había cumplido a la perfección con su trabajo. Me miró sonriente y me despidió. Y yo, tonto de mi, me quedé con las ganas de hablarle de lo distintos que son los golpes para los que pretenden abrir puertas y para los que ya están dentro, sentados y acomodados.






Astracán dijo
Jajajaja qué cosas tío. Estos lugares cada vez me recuerdan más al palacio ese de la locura de Asterix y Obelix, donde te mandaban de una ventanilla a otra...qué asco de burocracia. Y encima el nota (yo también tengo mente calenturienta) estaba dentro dale que te pego...si es que...
28 Abril 2007 | 02:10 PM