Adiós viejo coche
Llegó a casa unas semanas antes de que yo hiciera mi primera comunión. La primera y la última, aunque luego en la vida me haya llevado unas cuantas hostias más. Era de un blanco radiante quizás para acompañarme con el color de la chaqueta de aquel traje de marinero sin barco que mi madre se había preocupado de comprarme.
No tenía aire acondicionado, ni cierre centralizado ni elevalunas eléctricos. Eso si, tenía un radiocassete que con el tiempo se cargaba todas las cintas y las tenías que rebobinar con un bolígrafo bic. Al final sólo escuchábamos la radio, conformándonos con la emisora que buenamente pillaba.
Dieciocho años después, en casa hemos cambiado de coche. Éste es negro con todos los extras y tonterías que hoy traen los coches nuevos. De todas formas, prometo no ir escuchando requetón con las ventanillas bajadas y mucho menos hacer el tonto al volante.
Supongo que el nuevo no llegará ni a la mitad de vida que su antecesor. Porque con los coches pasa igual que con los móviles: cada vez los hacen más malos para que se sigan consumiendo y no les jodamos el mercado.
Con el anterior hicimos muchísimos viajes en aquellos tiempos en los que no había tanto niñato por la carretera. Nunca nos dejó tirados ni nos dio ningún problema. Bueno, a mi me dio un susto, pero reaccionó tan rápido a mis reflejos que sólo metimos el morro debajo de aquel camión.
Esta noche ya estará en el desguace, sufriendo el frío que nuca pasó en su vieja cochera. O quizás ya sea un amasijo de chatarra. Quíen sabe. Lo que si es cierto que estos días mientras me subo en el nuevo, pongo el mp3 y disfruto de la dirección asistida, también pienso que hay coches que más que un buen mecánico, necesitan un buen poeta.








soybecaria dijo
¡Hola!
Yo también he perdido a mi coche recientemente. Era un Citroen AX blanco que mis padres compraron cuando yo aún estaba en preescolar. Después de 17 años, un niñato con un deportivo lo embistió y lo destrozó cuando estaba aparcadito en la calle. El pobre voló por encima de los contenedores de basura y se arrastró unos metros hasta que frenó contra un muro (a veces la realidad supera a la ficción y ésta es una de esas veces). Afortunadamente, no había nadie cerca y no hay que lamentar daños personales pero a mí me jodieron y me dejaron sin coche una buena temporada.
un saludo
14 Enero 2008 | 11:35 PM