A veces ángel, a veces demonio
Todos los jueves antes de llegar al lugar, tomo un café en el mismo lugar. En la misma cafetería. No es el café más exquisito que haya probado nunca, quizás sea el peor. Lo cierto es que mientras lo tomo en la barra, me entretengo mirando el escote de la camarera mientras seca vasos o amontona ceniceros. Una tarde llevaba una camiseta que decía algo así como " a veces ángel, a veces demonio".
Esta semana, la chica no estaba. Le sustituía un cincuentón calvo, que a pesar de la edad me preparó el café igual de malo. Quizás un poco más aguado. Así que decidí no sentarme en un taburete de la barra y pillar una mesa para aprovechar el tiempo y leerme algunos apuntes. El local estaba vacío y la música negra sonaba realmente bien.
Al rato entraron dos hombres con americana, camisa, pelo hacia atrás y llaves de coche en mano. Se ubicaron en la barra y al parecer conocían el interino camarero. Espero que interino. A pesar de estar inmerso en mi lectura, no dejaba de escuchar la conversación de aquellos fulanos. Los expertos en tonterías dicen que leer y escuchar a la vez es bueno para la memoria. Lo será.
Hablaban de la romería del Rocío, que si este año había estado más floja de gente. Cosas de la crisis según ellos. Pero no se cómo, la conversación fue degenerando de tal manera que apunto estuve de irme sin pagar. Por unas cosas u otras, los tres veían bien o normal la violencia de género. El asesinato de mujeres. Porque según ellos, y escribo lo que leí, hay mujeres que tienen a sus maríos machacaos psicológicamente. Coño que hay camioneros to la semana trabajando en la carretera pa que luego la mujer disfrute los dineros y la casa. O militares por ahí perdíos ganandose la vida y la mujer de compra. Eso coges la escopeta y luego dices ¡uy que se me disparó sola!
Todo eso entre risas. La risa del macho ibérico típica del colegueo de bar español. Poco después se marcharon y el camarero siguió sacando vasos del lavavajillas pensando quizás que aquello es trabajo propio de mujeres y no de machos ibéricos como él. Yo seguí leyendo un rato más a Maquiavelo y a Bodino, pensando que hay que ver lo poco que hemos evolucionado y que a más de uno no le vendría mal probar el reposacabezas de una guillotina.
Unos minutos después, cuando me dirigí a la barra para pagar mi café, el camarero explicaba a otro cliente que llevaba 35 años felizmente casado. Lo dicho: que el hombre a veces ángel, a veces demonio, pero siempre gilipollas.






elnihilista dijo
Me he partido con las rabias, a mí también me sucede y me avergüenzo de poderlo oír y callarme, pero se ha de tomar de humor, ese tipo de seres tienen fecha de caducidad, y con que la gente sea consciente de la igualdad de trato entre hombres y mujeres (si, eso de la igualdad se puede ver como "todos pillan" o "nadie pilla", es algo mal formulado creo). La guillotina siempre es un buen lugar donde soñar.
18 Mayo 2008 | 10:10 PM