Hoteles con estrellas de mentira
La noche de antes decidí alojarme en un hotel. Así me evitaba problemas de ultimísima hora en la carretera: pinchazos o cosas peores. Lo cierto es que llevaba con la habitación reservada desde hace más de un mes y por eso a mi sólo me costó 107 euros. Digo esto, porque unos días antes las habitaciones ya rondaban los 250 euros. Y es que aprovechando la llegada masiva de aspirantesopositores los hoteleros subieron los precios de las habitaciones como les dio la gana. Entre la crisis económica y la cara dura de la mayoría, en este país lo vamos a pasar mal.
El hotel era de la cadena "Hoteles Center". Cuatro estrellas superior, supuestamente. Al llegar había cinco personas delante mía en la cola de recepción y tres chicas trabajando en la misma. Cinco minutos, diez, quince, treinta,... mal empezamos. Al comprobar mi reserva la recepcionista me entrega la tarjeta-llave que además sirve para acceder al parking subterráneo del hotel. Salgo de recepción, subo en el coche y al llegar a la puerta del parking... la tarjetallave no funciona. Sus muertos.
Vuelvo a recepción. "Si señor, es que no se la hemos activado". Solucionado. Subo a la habitación, que por cierto no había visto, y la verdad es que muy grande y acogedora. Me gusta, pero no tanto el suelo de moqueta.
A la mañana siguiente, después de ducharme bien temprano y tranquilo, salí de la habitación dejando en la puerta el cartel de "No Molestar". Casi cuatro horas después regresé. Ni siquieran eran las 11:30 de la mañana y tenía aún tiempo hasta las 12:00, hora en que tenía que dejar la habitación. Pero cúal fue mi sorpresa cuando al abrir la puerta veo que el armario está abierto y las toallas del baño, que yo había dejado perfectamente colgadas tras la ducha, estaban revueltas sobre el taburete. "Aquí ha entrado alguien", me dije.
Salí al pasillo de la habitación y busqué a la chica del servicio de limpieza. Le pregunté y me confirmó que si, que había entrado por error porque en la puerta ponía que podía entrar a arreglar la habitación. Le dije que eso no era así. Me pidió disculpas. Yo se las acepté, pero le dije que iba a poner una reclamación en recepción. Cuando hice mi maleta, bajé y después de un rato esperando a las incompetentes de recepción me atendieron. Puse una hoja de reclamaciones en el libro del cual me dieron la copia verde.
Lo peor viene ahora. Justo al salir, mirando la hoja por detrás leo "usted debe llevarse la hoja verde y blanca, quedando la de color rosa en poder del reclamado". No puede ser. Volví indignado a la recepción. Ya ni colas ni hostias. Le dije a la chica que si me había visto cara de tonto o qué. La hoja blanca era la que necesitaría en caso de elevar mis quejas al defensor del consumidor y pretendieron quedársela. Un señor con chaqueta salió de la oficina. Sería el jefe. Me miraba con cara de gilipollas desde la puerta. La recepcionista me entregó la hoja y yo me marché, jurando entre blasfemias que no volvería jamás a ese hotel y a ninguno de los de esa cadena.
No sé quién asigna las estrellas a los hoteles, ni qué criterios utilizan para tal fin. Lo que tengo claro es que después de haber pasado por hoteles buenos, malos y muy malos, al final lo que cuenta es el trato y el equipo humano, cosa que en este hotel dejaba mucho que desear. ¿Cuatro estrellas superior? En mis cojones tengo yo la luna.




asturcones dijo
La hostelería de este país, tan dependiente del turismo, está en pañales. Los precios casi nunca están acordes con los servicios ofertados y solamente nos queda la pataleta o l ahoja de reclamación, que en la mayoría de los casos no sirve para nada.
28 Junio 2008 | 11:37 PM