Opositar al régimen II
Uno se levanta a las 6 de la mañana. Tranquilo, sereno y confiando en que va a ser un buen día. A esas horas, y con lo que espera por delante, el estómago permanece cerrado, oscuro como el día que aún no amanece. Una hora en coche y a las 8 ya estoy esperando la llegada del tribunal.
El presidente es el primero en llegar, haciendo honor a su cargo quizás. Miro fotos de exalumnos por los pasillos. Otros tiempos, otras modas, otros peinados y otras personas, retratadas en gran grupo frente a la puerta principal. Hay murales contra el maltrato, por los niños pobres, y trofeos en vitrinas ganados por vencedores anónimos de los años 70.
A la hora exacta el tribunal pasa lista. Soy el último en examinarme y el presidente me aconseja que me marche hasta después de comer: hasta las 16:00. También tengo la opción de quedarme allí, en la sala de profesores. Pero no es lo mejor, más aún escuchando los nervios y las opiniones de los demás, que sinceramente... me la sudan.
Así es que me voy. Este tinglado de las oposiciones funciona mal en muchos aspectos y este es uno de ellos. ¿Qué necesidad hay de convocar a todo el mundo a las 8 de la mañana si la mitad se examina por la tarde? ¿No puede haber un sistema más eficaz en el que se convoquen a los opositores al menos una hora antes de su participación?
El día de perros fue horrible. Toda la mañana aguantando el calor, sin saber a dónde ir porque no era cosa de darme otra paliza de carretera para volver a casa. Me dediqué a pasear por el casco antiguo y ver cómo a pesar de la crisis las tiendas estaban llenas. Rebajas.
Después del almuerzo vuelvo al instituto donde no había ni dios. Todo el mundo estaba comiendo, salvo la ordenanza que cuidaba del recinto. A las 16:00 empezó su turno el chaval que me precedía. Hasta la 18:00 no me examiné. Y todo normal. Algo de nervios al principio, pero me fui soltando con los minutos. La exposición consta de dos partes de 30 minutos cada una. Parte B y parte B1. Mientras explicaba la parte el B el presidente me dijo: "le quedan 5 minutos". Sus muertos, pensé yo. Iba por la mitad, así que tuve que correr como un hijo puta. De la parte B1 me sobró tiempo.
Un tiempo, una hora, que se pasa volando. Y menos mal. Para lo que uno paga de matrícula en las oposiciones, ya podían poner al menos un puto vaso de agua. Yo llevaba mi botellita, de la que bebía de vez en cuando durante la exposición. La boca se seca. Es lamentable ver a un miembro del tribunal escribiendo mensajes con el móvil mientras tu les intentas explicar algo con lo que tienen que evaluar tu ser o no ser. Otro detalle, es que nunca en mi vida había visto una pizarra tan asquerosa como aquella. Podían haber pasado el borrador mojado como hacíamos en el cole cuando el maestro nos lo mandaba. Escribir era la hostia porque además de cuidar la letra, tenías que apretar para que se viera todo entre tanta niebla.
Cuando salí me había quitado mil kilos de encima. Con un dolor de cabeza y un cansancio tremendos, tuve que conducir un buen rato con el sol de cara hasta llegar a casa. Una ducha, una cena y a dormir. Hasta ahora. Aún sigo cansado, pero ya queda menos para saber los resultados y, lo más seguro, desviar mi vista y mis pasos hacia otro lado.




chipi dijo
me alegro de que ya hayas salido de eso. es un trago horripilante, no por la defensa en sí, sino por la espera. a mí, hasta la una de la tarde no me dijeron que me tocaba por la tarde.
bueno, mucha suerte. ya nos contarás cuando salgan los resultados. en mi caso dentro de dos años, más y mejor.
beso!
10 Julio 2008 | 08:10 PM