Fuerza pública
Hace ya unos cuantos años, el equipo de fútbol de mi pueblo llegó a jugar unas temporadas consecutivas en tercera división. Entonces el campo de juego era de albero, pero con unas medidas reglamentarias que lo hacían de los más importantes de la provincia. Yo aún no había llegado ni a la edad del pavo y en lo que más me fijaba por entonces era en un banco de piedra adosado al muro junto al túnel de vestuarios y en el que se podía leer escrito a base de brochazos: "Fuerza Pública".
La verdad es que nunca entendí aquel concepto, aunque más o menos lo imaginaba ya que en aquel banco se sentaban una pareja de Guardias Civiles o algunos policías locales a los que les correspondería asistir de servicio al acontecimiento deportivo. Quizás lo que me hacía dudar sobre la funcionalidad de aquel banco es que de vez en cuando allí se sentaban gitanos, chusma y pardillos variados que pretendían ver el partido desde un lugar privilegiado.
Y no sé por qué estos días me ha venido a la cabeza ese recuerdo, ese concepto de "fuerza pública".
Antes de ayer hablando con un amigo, me dijo que fulanito (al que conozco a la perfección pero con el que perdí cierto contacto en la Universidad) se había hecho Guardia Civil. Mi asombro fue brutal, si bien no es el primer caso ni el último que me deja partido en dos. Fulanito ha sido siempre un chaval fiestero, borracho, gamberro hasta rozar la delincuencia y racista a más no poder. Ahora lleva una porra a la izquierda y una pistola a la derecha, mire usted. El suyo es sólo un ejemplo de la gran cantidad de anormales que tiran por el camino fácil del puesto estable de trabajo aunque les falte vocación y un par de dedos de frente.
Lamentablemente corren tiempos en los que la mayor oferta de empleo está en la necesidad de policías, Guardias Civiles, y otros cuerpos de seguridad del Estado, es decir, la fuerza pública. Y allí que van Fulanito, Menganito, Fachulín y Pirri, que ven la oportunidad de sus vidas a pesar de no haber leído un libro en sus vidas y se apuntan a ver qué pasa. Superando unas pruebas físicas que cualquiera haría con la punta del cipote y teniendo un coeficiente intelectual similar al del hombre de Atapuerca, se ganan un puesto y un sueldo fijo, pero sobre todo la posibilidad de sacar pecho por la calle. Ouh yeah.
No hay que desesperar sino se entra. Siempre quedará el ejército o fuerzas armadas, donde es indispensable ser tonto para formar en filas.
Así, con todo esto, la fuerza pública se está llenando de corruptos, holgazanes y cabezas poco amuebladas a la hora de intervenir en un conflicto y utilizar un arma; de tontos del haba para los que un gitano es un gitano de mierda, un negro un negro de mierda y un moro un morito de mierda; de polis que compaginan su trabajo en comisaría con el de ser porteros de discoteca; de agentes que no se quedan lo intervenido para fumarlo sino para venderlo; y de los que se sentaban en el banquillo del viejo campo de fútbol no sólo por pardillos, sino porque no sabían ni leer lo que ponía.



Jovencita dijo
la verdad es que es un poco penosa la sociedad de hoy en dia, porque si te das cuenta cualquiera puede acceder algun trabajo en plan para policia nacional, o guardia civil,, y lo peor es que cargos de esos necesitan personas responsables, que sepan lo que hacen y lo que tienen que hacer.. no cualquier idiota que a saber que se lo ocurre..
Enfin la sociedad de hoy en dia
Un saludo
13 Marzo 2009 | 03:22 PM