El yonki y el viacrucis
Esta Semana Santa apagada y gris dos preguntas me han rondado la cabeza:
1 ¿Por qué los padres permiten que sus hijos pasen todas las vacaciones en la calle aporreando un tambor? 2 ¿Por qué detrás de los pasos, en las procesiones, va tanta chusma, tanta gentuza, haciéndose pasar por penitentes como si les importara?
Uno de dichos días santos, acompañé a mi cuñada y a su bebé a su piso. Serían cerca de las 12 de la noche y las calles estaban totalmente a oscuras porque en nada pasaría por allí un viacrucis procesional. Justo en la puerta del piso ya se veía venir la comitiva que encabezaba el desfile y dos grandes filas de personas alumbrando. Entonces decidí subir a verlo desde el balcón y esperar a que pasara todo para marcharme a casa.
Desde el balcón la escena era bastante respetuosa. Todo a oscuras y en un silencio sólo roto por los erurtos y voces de los niñatos de turno que aprovechan el momento. Mientras el crucificado se apreciaba aún bastante lejos, por la acera se acercaba un personaje al que últimamente vemos pidiendo alguna limosna. Venía con un carrito de la compra, probablemente vacío por la facilidad de su manejo, y en otra mano portaba un buen tocho de panfletos de publicidad de esos que tiran al suelo los de los supermercados.
Justo debajo del balcón, el cura de la procesión ayudado por un asistente encapuchado y un megáfono, empezaba a leer la quinta estación, aquella en la que se narra como Cirineo ayudaba a Cristo con la cruz. El yonki se acercó soltando el carrito y sentándose en el bordillo de la acera. Rezaba en voz alta ante el movimiento esquivo de los que formaban la fila de cera o lumbre. Cuando acabó la lectura y el desfile continuó, él permaneció allí.
Fue justo cuando el crucificado estaba a un par de metros cuando se levantó accediendo a mitad de la calzada. Poniendo los papeles en el suelo se arrodilló ante el Cristo, le hizo una especie de reverencia y se santiguó pronunciando unas palabras que no acerté a oir. La gente miraba expectante. Luego se levantó, cogió su carrito y se marchó siguiendo su camino por la misma acera por la que vino.
Dicen que la fé mueve montañas, que cada cual la vive a su manera y que la procesión va por dentro.
Pues eso.



theo dijo
Soy del Norte y no entiendo la expresion de fe del Sur. No quiero decir con eso que sea mejor o peor que otras expresiones de fe o religiosidad, no me entiendas mal, por favor. Sencillamente, no las entiendo. Es justamente lo que dices, que se mezclan con absoluta naturalidad comportamientos que, para muchos, nos resultan incompatibles, pero no creo que se pueda tildar de hipocrita, pues se viven con profunda conviccion ambas vidas, sin atender a que sean o no contradictorias. No se como explicarlo, me parece una especie de bipolaridad que no entiendo.
Saludos!
15 Abril 2009 | 06:02 PM