Cuando la muerte peina canas
Ocurrió poco después del desayuno. Manolo, de 83 años, aprovechó que su cuidadora, y la de su mujer, acababa su turno, para ir a la cocina, coger un cuchillo y mandar al otro barrio a su esposa de 80 años. Luego se empezó a dar él, pero no pasó de la autolesión sin poder llegar a completar su objetivo que no era otro que el de acompañar a la mujer que tantos años le había acompañado, que tanta vida le había ocupado.
Según fuentes de la investigación, los dos ancianos iban a ser trasladados esa misma mañana una residencia en la que pasarían el resto de sus vidas. Probablemente ese fue el motivo, el impulso que llevó a Manolo a tomar la brutal decisión. Pero eso no importa. Ni las causas ni unas consecuencias que en dos días se olvidan. Aparece en la tv, en los periódicos, por el morbo que puede tener el tema y poco más.
Este caso me recuerda a otro en el que hace poco unos ancianos murieron en el incendio de una residencia para mayores. Nadie denunció, nadie reclamó responsabilidades ni culpables. Probablemente sea quitarse un peso de encima tanto para familiares como para cuidadores, instituciones, seguridad social...
Sólo hay que imaginar que esto ocurriese en una guardería o jardín de infancia. Se abrirían procesos judiciales, se amontonarían los periodistas a las puertas del centro buscando la cara de los responables y por supuesto los familiares desde el mismo día empezarían a mover papeles no sólo para pedir justicia sino para trincar toda la pasta posible.
Cuando la muerte peina canas nada de esto. Incluso alguno hasta daría las gracias por quitarle el estorbo.


fenicia dijo
Para reflexionar!
kisses
23 Octubre 2010 | 09:12 PM